Una muestra de una de las piedras sarsen más grandes del Stonehenge puede ser “la pieza de roca más analizada de la Tierra”. Créditos: Andre Pattenden/English Heritage

This is an authorized translation of an Eos article. Esta es una traducción al español autorizada de un artículo de Eos.

El Stonehenge es un monumento icónico que ha resistido las pruebas del tiempo.

Su principal arquitectura está compuesta de piedras sarsen, megalitos grises que se elevan más de 6 metros de altura y con un peso de 18 toneladas métricas. A pesar de su prominencia, poco se sabe acerca de las 52 piedras que quedan de las aproximadamente 80 que fueron erigidas durante mediados del tercer milenio AEC.

“Lo emocionante del nuevo estudio es que han… atacado a Stonehenge, por así decirlo, con toda esta [nueva tecnología].”

Pero ahora, nueva tecnología y un inesperado golpe de suerte permitió que investigadores analizaran un rompecabezas en el corazón del sitio: ¿de qué están hechas estas piedras? Publicado en PLOS One, el estudió proporciona una caracterización completa de la composición física y química de las piedras sarsen en Stonehenge.

“Lo emocionante acerca del nuevo estudio es que [investigadores] han … atacado a Stonehenge, por así decirlo, con toda esta [nueva tecnología]”, dijo Mike Pitts, un arqueólogo y periodista que dirigió las excavaciones en el sitio en 1979 y 1980. “Y son capaces de extraer información a un nivel muy, muy fino de una manera que era imposible hasta hace muy poco”.

Superficies de las piedras y serendipia

David Nash, geógrafo físico de la Universidad de Brighton en el Reino Unido, dirigió el estudio. Su equipo comenzó analizando la superficie de cada sarsen durante varios turnos nocturnos y un “turno muy temprano en la mañana” cuando los turistas no están cerca.

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Usando un espectrómetro de fluorescencia de rayos X portátil (“parece como una gran pistola de rayos de ciencia ficción”, dijo Nash), los investigadores tomaron cinco medidas en cada una de las 52 piedras, asegurándose de mantenerlas perfectamente quietas durante 2 minutos en cada medición. El equipo se paró en la noche oscura y fría con linternas, tratando de encontrar parches de piedra sin cubierta de líquenes. Excepto por algunos guardias de seguridad, no había nadie más alrededor, dijo Nash. “Entonces, sí, es un poco espeluznante”.

Las mediciones del equipo, por muy cuidadosas que hayan sido, no podían ser tan profundas. No pudieron proporcionar información sobre lo que hay debajo de la superficie. Y debido a que Stonehenge está tan protegido por el gobierno, no pudieron tomar ninguna muestra del interior de las piedras.

Pero entonces llegó la serendipia: mientras su equipo estaba terminando el trabajo de campo en Stonehenge, Nash recibió un correo electrónico del English Heritage Trust, organización sin fines de lucro que administra Stonehenge y cientos de otros sitios históricos en Gran Bretaña.

“Me enviaron un correo electrónico y me dijeron: ‘Entendemos que estás trabajando en la química de las piedras en este momento. ¿Podrías llamarnos?’”, dijo Nash. “Mi reacción inmediata fue, ‘Oh, Dios, ¿qué hemos hecho mal?’”

El English Heritage compartió información sobre el enorme proyecto de restauración de 1958 en Stonehenge. El proyecto volvió a erigir tres piedras en el sitio, incluida la Piedra 58, un gran sarsen vertical que se había derrumbado en 1797. Para reforzar una fisura, se perforaron tres núcleos a través de la Piedra 58 para instalar varillas de metal.

David Nash de la Universidad de Brighton analiza un núcleo extraído de la Piedra 58 en Stonehenge. Créditos: Sam Frost/English Heritage

Un núcleo fue regalado a Robert Phillips, un trabajador de la empresa de perforación involucrada en el proyecto. (Parte de un segundo núcleo se descubrió más tarde cerca del Museo de Salisbury en una caja etiquetada como “Caja del tesoro”. Todavía se desconoce la ubicación del tercer núcleo). Phillips colgó el núcleo en un tubo protector en su oficina hasta su jubilación y lo guardó a través de sus posteriores mudanzas a Nueva York, Illinois, California, y finalmente, Florida. Cuando Phillips se acercaba a los 90, buscó devolver este importante artefacto y lo entregó al English Heritage en 2018.

El núcleo de la Piedra 58 de Phillips, cuya existencia era previamente desconocida para cualquiera de los investigadores, se prestó al equipo de Nash, que pudo tomar muestras y examinarlo en detalle.

“Es la primera vez que hemos podido mirar dentro de una de las piedras de Stonehenge”, dijo Nash.

“Simplemente hicieron todo lo imaginable con él”, dijo Pitts, quien no participó en el estudio. “Quiero decir, tiene que ser la pieza de roca más analizada en la Tierra”.

Notablemente pura e increíblemente duradera

El estudio de los núcleos con técnicas petrográficas, mineralógicas, geoquímicas de última generación han revelado la razón del porqué las piedras sarsen de larga data en Stonehenge pueden ser duraderas.

El núcleo estaba compuesto en un 99.7 % por sílice, casi en su totalidad cuarzo, de principio a fin, siendo el más puro que cualquier piedra sarsen que Nash haya trabajado. Bajo el microscopio, sus granos de cuarzo del tamaño de la arena estaban bien empaquetados y soportados entre sí. Luego, los granos fueron recubiertos en cemento de sobrecrecimiento, al menos 16 capas de crecimiento diferentes se pudieron contar casi como anillos de árboles, lo que produjo un “mosaico entrelazado de cristales de cuarzo que unen la piedra”, dijo Nash.

Imágen de cátodoluminiscencia de una piedra sarsen que revela los contornos de granos de arena (azul pálido, negro) y múltiples capas de cemento de cuarzo (rojo). Créditos: Fideicomisarios del Museo de Historia Natural

“Probablemente por eso las sarsens eran tan grandes y duraderas”, dijo Nash. “Porque es una piedra increíblemente bien cementada”.

La investigación también indicó que el gris opaco de Stonehenge que vemos hoy en día no es probablemente lo que parecía cuando fue construido originalmente.

“Cuando las piedras se levantaron originalmente, se trabajaron, se limpiaron por fuera”, dijo Nash. “La roca fresca se habría visto de un color blanco cremoso, y debe haber sido increíble”.

Los datos sobre la piedra 58 se pueden aplicar a la mayoría de las otras sarsens y a dónde se originaron: en un artículo de 2020 publicado en Science Advances, Nash y sus colegas encontraron que la piedra 58 es geoquímicamente similar y representativo de 50 de las 52 sarsens restantes en Stonehenge. Estas sarsens comparten firmas geoquímicas con sarsens en West Woods en Wiltshire, a unos 25 kilómetros al norte de Stonehenge, la fuente más probable de las piedras.

Las grandes piedras sarsen en West Woods en Wiltshire son la fuente probable de la mayoría de las sarsens utilizadas para construir las cercanías de Stonehenge. Créditos: Katy Whitaker/ Historic England /Universidad de Reading

El nuevo estudio también sienta las bases para futuras investigaciones al hacer que todos los datos sean de acceso abierto.

“Básicamente, nos estaban dando acceso a una muestra absolutamente única que era de importancia nacional”, dijo Nash. “Y lo que queríamos era asegurarnos de que lo que hicimos era analizarlo utilizando todas las técnicas modernas que pudimos, con la perspectiva de que para futuros estudios de Stonehenge, si otras personas están haciendo más trabajo… había un gran conjunto de datos que la gente podría utilizar.”

“Al tener acceso a esta piedra, te das cuenta de que realmente eres un privilegiado de poder hacer este trabajo”, agregó. “Así que quieres hacerlo bien porque no puedes volver atrás”.

—Richard J. Sima (@richardsima), Escritor de ciencia

This translation by Daniela Navarro-Perez (@DanJoNavarro) of @GeoLatinas, with editing by Anthony Ramírez-Salazar (@Anthnyy), was made possible by a partnership with Planeteando. Esta traducción fue posible gracias a una asociación con Planeteando.

Text © 2022. The authors. CC BY-NC-ND 3.0
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