La pirámide del Sol en Teotihuacan al frente con un cerro y el cielo despejado detrás.
La Pirámide del Sol en Teotihuacan se describe a semejanza del Cerro de Patlachique. Antiguos ingenieros construyeron el monumento haciéndose eco del carácter de la montaña sagrada, a las afueras de la moderna metrópolis de la Ciudad de México. Fotografía: Milthon Carlos

This is an authorized translation of an Eos article. Esta es una traducción al español autorizada de un artículo de Eos.

Para Primo Espinoza, vivir en el valle de Teotihuacan hace 50 años fue una experiencia completamente diferente a la de hoy. Lo que él recuerda que fue un vecindario con pocas casas es ahora un complejo sistema urbano que rodea las grandes ruinas arqueológicas de la antigua civilización a solo 40 kilómetros de la moderna metrópolis de la Ciudad de México.

El ser un habitante de tercera generación de San Juan Teotihuacan hizo de Espinoza un experto en el área que él llama su hogar. Comenzó su carrera vendiendo artesanías de barro y obsidiana a los turistas, pero terminó trabajando como excavador en la zona arqueológica, que está a 15 minutos a pie de su casa.

Pero lo que Espinoza no supo hasta hace pocos meses es que las construcciones hechas hace 2,000 años determinaron la orientación exacta de la calle en la que él vive: 15° al este del norte, la misma orientación que los masivos monumentos de Teotihuacan.

Esa orientación es la razón por la que cada vez que Espinoza sale, el Cerro Gordo, la montaña que se alza imponentemente sobre la pirámide de la Luna de Teotihuacan, domina el horizonte al final de su calle. La alineación es intencional, correspondiendo a la estricta planificación urbana organizada durante el periodo Clásico de Mesoamérica.

“El suelo no es el mismo cuando hay una ciudad debajo de él; la vegetación cambia y hace que sea más fácil, o no, construir… Así es como las acciones del pasado afectan nuestras decisiones del presente”.

Un reciente estudio de mapeo con lidar encontró que el barrio de Espinoza no es único—cerca del 65 % de todas las construcciones modernas alrededor de Teotihuacan (incluyendo divisiones territoriales, caminos pavimentados y sin pavimentar, límites y estructuras permanentes) están alineadas con las antiguas estructuras.

La autora principal del estudio, la antropóloga Nawa Sugiyama de la Universidad de California, Riverside, explicó cómo los sedimentos subterráneos milenarios hicieron que las personas siguieran inconscientemente los mismos patrones de construcción a través del tiempo. “El suelo no es el mismo cuando hay una ciudad debajo de él, dijo”. “La vegetación cambia y hace que sea más fácil, o no, construir… Así es como las acciones del pasado afectan nuestras decisiones del presente”.

Una amenaza creciente para el patrimonio cultural

La tecnología lidar se ha utilizado durante años para encontrar ruinas ocultas de civilizaciones antiguas en México y en todo el mundo, pero la nueva investigación, publicada en PLoS ONE, se enfocó en comprender el impacto de las actividades humanas en el paisaje del valle de Teotihuacan a través del tiempo.

La gente comenzó a modificar el paisaje hace más de un milenio: los ingenieros de Teotihuacan extrajeron cientos de miles de kilogramos de suelo y roca del valle para construir la ciudad, que creció hasta una población de aproximadamente 125,000 personas en su apogeo alrededor de 300 EC. Al mismo tiempo, modificaron los cursos de los ríos San Lorenzo y San Juan para alinearlos por razones simbólicas y de calendario.

Además de examinar la planeación urbana de los antiguos teotihuacanos, los investigadores también pudieron analizar el impacto de la minería y la urbanización en el valle durante el siglo pasado. Por ejemplo, identificaron más de 200 rasgos antiguos que han sido destruidos desde los años sesenta.

Las minas de tezontle y basalto, muchas de ellas ilegales, se sitúan en torno a 150 hectáreas en el valle de Teotihuacan, impulsadas en gran parte por la demanda de materiales de construcción en la Ciudad de México.

Ariel Texis, uno de los arqueólogos mexicanos a cargo de verificar los hallazgos de lidar del equipo, se sorprendió cuando comparó el primer mapa con cómo se ven ahora los cerros. “Teníamos [los cerros] en el mapa, pero ya no existen”, dijo, siendo reemplazadas por minas a cielo abierto.

Gran parte de la minería documentada por el estudio de lidar estaba ocurriendo al mismo tiempo que un nuevo aeropuerto para la Ciudad de México se estaba construyendo en las cercanías. Aunque ese proyecto fue finalmente cancelado, otro, a solo unos 10 kilómetros de Teotihuacan, está actualmente en construcción.

“Es caótico [en la periferia de la zona monumental]—hay construcciones por todas partes, es triste”.

Para Citlali Rosas, arqueóloga en jefe del Departamento de Protección Legal y Técnica de la Zona Arqueológica de Teotihuacán administrado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), tal construcción alrededor de Teotihuacán es “preocupante.” Un aeropuerto a esa distancia, dijo, fomentará la construcción de restaurantes, hoteles y otros negocios que atienden a turistas lo que podría poner en riesgo artefactos delicados.

Un decreto presidencial de 1988 reprimió las actividades extractivas ilegales en la zona, pero se pudo hacer más, dijo Rosas. En promedio, el Departamento de Protección Jurídica y Técnica suspende cada año alrededor de 100 proyectos de construcción que se llevan a cabo sin el permiso del INAH.

“Es caótico [en la periferia de la zona monumental]—hay construcciones por todas partes, es triste”, dijo Veronica Ortega, arqueóloga de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México, quien ha pasado los últimos 20 años estudiando estructuras antiguas alrededor de la zona. Ortega no participó en el nuevo estudio.

Ortega explicó que el 60% del territorio del Valle de Teotihuacán tiene restos arqueológicos enterrados, pero gran parte de la zona permanece sin explorar. Los esfuerzos con lidar como el de Sugiyama ayudarían a los arqueólogos a generar un nuevo polígono de protección para sedimentos, artefactos y restos que se encuentran más allá de la zona arqueológica.

Sin embargo, tener evidencia científica no es suficiente, advirtió Ortega. Detener la “destrucción de uno de los patrimonios culturales más importantes del planeta” requerirá una amplia participación y articulación del gobierno federal, las autoridades municipales y las comunidades locales de México, dijo.

—Humberto Basilio (@HumbertoBasilio), Escritor de ciencia

This translation by Eva Alejandra Juárez-Ávila (@evalejandra_ja), with editing by Anthony Ramírez-Salazar (@Anthnyy), was made possible by a partnership with Planeteando. Esta traducción fue posible gracias a una asociación con Planeteando.

Text © 2022. The authors. CC BY-NC-ND 3.0
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