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El Monte Everest a veces puede sentirse más bajo que el K2

Las variaciones de la presión atmosférica en la cima del Everest afectan a la disponibilidad de oxígeno, modificando la percepción de la elevación de la cumbre unos cientos de metros.

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This is an authorized translation of an Eos article. Esta es una traducción al español autorizada de un artículo de Eos.

Al igual que los astronautas y los maestros sommeliers, los alpinistas que han llegado a la cumbre en el Monte Everest renunciando al oxígeno suplementario constituyen un grupo poco común. Inspirándose en estos escaladores que llevan la fisiología humana a sus límites, investigadores han analizado la disponibilidad de oxígeno en el pico más alto del mundo (8,848 metros).

Los cambios en la presión atmosférica provocados por el clima alteran la abundancia de oxígeno en la cumbre del Everest, lo que significa que la “elevación percibida” de la montaña varía hasta en cientos de metros, demostró el equipo. Por lo tanto, la dificultad de escalar la montaña está muy lejos de ser constante y, de hecho, será cada vez más fácil llegar a la cumbre a medida que el clima se calienta, concluyeron los científicos en un estudio publicado el mes pasado en iScience.

“Un pulmón jadeante”

Desde 1979, sólo 177 personas -8 mujeres y 169 hombres- han ascendido al Everest sin ayuda de oxígeno suplementario. (Respirar oxígeno embotellado, una práctica habitual por encima de los 7,000 metros aproximadamente, hace que parezca que estás a una altura inferior y también ayuda a mantener las extremidades calientes). Tom Matthews, climatólogo de la Universidad de Loughborough, Reino Unido, y sus colegas se han propuesto comprender mejor hasta qué punto esa hazaña se acerca a los límites de la fisiología humana.

Una de las principales dificultades de escalar el Everest—y cualquier otro pico de altura considerable—es que la presión del aire disminuye con la elevación. Y el número de moléculas de oxígeno que hay es directamente proporcional a la presión del aire: el aire fino contiene menos moléculas de oxígeno, por lo que la respiración es menos eficaz con la altura. “No soy más que un solo pulmón estrecho y jadeante”, así describió Reinhold Messner la escalada del Everest sin oxígeno suplementario en su libro Everest: Expedition to the Ultimate.

Más bajo o más alto, depende del día

Utilizando los datos de las estaciones meteorológicas cercanas a la cumbre del Everest y reanalizando los datos ERA5, Matthews y sus colegas reconstruyeron la presión atmosférica en la cumbre del Everest desde 1979 hasta 2019 hora por hora. Encontraron valores que van de 309 a 343 hectopascales, aproximadamente un tercio del valor a nivel del mar. Esto es un rango significativo: comparado con la presión atmosférica media medida en el Everest en mayo, ese lapso se traduce en una diferencia de 737 metros en la sensación de altura de la cumbre desde el punto de vista de la disponibilidad de oxígeno. En otras palabras, la “elevación percibida” del Everest cambia más que la diferencia de altura entre el Everest y el K2, la segunda montaña más alta del mundo con 8,610 metros. “A veces el K2 es más alto que el Everest”, dijo Matthews.

Sin embargo, Matthews y sus colaboradores demostraron que los alpinistas que hicieron cumbre en el Everest sin oxígeno suplementario subieron dentro de un rango mucho más estrecho de presiones de aire: 329-340 hectopascales. “Los seres humanos no han probado toda la gama de condiciones”, dijo Matthews.

Esto no es una sorpresa, sugieren los investigadores, ya que la mayoría de las expediciones tienen lugar durante estrechas ventanas de tiempo dictadas por el buen tiempo. Además, esas presiones de aire son muy superiores a la presión de aire mínima teórica necesaria para escalar la montaña sin oxígeno, que Matthews y sus colaboradores estimaron en 302 hectopascales.

La mejor época para escalar el Everest, basándose exclusivamente en la disponibilidad de oxígeno, es el verano, porque es cuando las presiones de aire tienden a ser más altas, según el equipo. Pero esta es también la época de los monzones, dijo Jeremy Windsor, investigador de medicina de montaña de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido, que no participó en la investigación. “No subes al Everest en julio y agosto porque está nevando tanto que hay riesgo de avalanchas y tormentas de nieve y de poca visibilidad”.

La mayoría de la gente asciende al Everest en mayo u octubre, cuando el tiempo es más estable. “Los montañistas utilizan la velocidad del viento como indicador de cuándo subir”, dice Matthews. Sin embargo, resulta que la presión atmosférica -y, por tanto, la disponibilidad de oxígeno- sigue siendo generalmente alta en las estaciones anteriores y posteriores al monzón.

La suerte del invierno

Los ascensos al Everest en invierno son poco frecuentes debido al duro desafío que suponen el frío extremo y los fuertes vientos, y los nuevos datos revelan ahora hasta qué punto puede caer la disponibilidad de oxígeno: la llegada de la corriente en chorro que trae el frío significa que la presión atmosférica es mucho más baja de media en invierno. (Sólo una persona ha subido a la cumbre del Everest en invierno sin oxígeno suplementario: Ang Rita Sherpa, en 1987).

Sin embargo, la presión atmosférica en invierno es muy variable, encontraron Matthews y sus colegas. “Si eliges el día adecuado, puedes sentirte como si estuvieras escalando en primavera”, dijo Matthews. “Si eliges el día equivocado, está muy por encima de lo que nadie ha hecho antes”.

Encogiendo la montaña

Matthews y sus colaboradores también echaron un vistazo al futuro. El cambio climático afectará a la disponibilidad de oxígeno en la cima del Everest: a medida que la atmósfera se calienta, se vuelve menos densa, por lo que hay más aire por encima de la cumbre. Si la atmósfera que rodea al Everest se calentara 2°C, la elevación percibida de la montaña disminuiría unos 100 metros, lo que facilitaría un poco la escalada. “El calentamiento encogerá un poco la montaña”, dice Matthews.

Los investigadores sugieren que es un pensamiento que hace reflexionar. Subir al Everest es un reto enorme, y hacerlo sin usar oxígeno suplementario es un logro fenomenal, dijo Matthews. “El calentamiento del que somos responsables está erosionando ese reto”.

—Katherine Kornei (@KatherineKornei), Escritora de ciencia

This translation was made possible by a partnership with Planeteando. Esta traducción fue posible gracias a una asociación con Planeteando.

Text © 2021. AGU. CC BY-NC-ND 3.0
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