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Una Guerra Nuclear Podría Generar un “Niño Nuclear”

Una sacudida al sistema climático provista por una guerra nuclear podría provocar un fenómeno de el Niño como nunca habíamos visto.

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This is an authorized translation of an Eos article. Esta es una traducción al español autorizada de un artículo de Eos.

Una guerra nuclear podría traer mucho más que una hambruna global, una lluvia radioactiva y un invierno incesante: También podría desatar el Niño más largo e intenso que el mundo haya visto. Una nueva investigación presentada en el Encuentro de Ciencias del Océano en marzo en San Diego, sugirió que el enfriamiento global producto de un conflicto nuclear podría interrumpir la circulación atmosférica normal, llevando a una respuesta persistente y severa en el Océano Pacífico similar a “el Niño”.

“Esperemos que nunca suceda,” dijo la coautora y profesora asistente en la Universidad de California en Santa Bárbara, Samantha Stevenson. “La idea detrás del uerraó es solo demostrar cuán catastrófico sería.”

“Un Martillo Bastante Grande”

Los investigadores probaron las reacciones de la atmósfera y el océano a una guerra nuclear usando un modelo climático del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica. Aunque el modelo climático no tiene el ajuste de guerra nuclear, los investigadores agregaron cantidades variables de carbono negro durante una semana para simular los diferentes escenarios de la guerra nuclear (investigaciones pasadas han sugerido que las explosiones masivas y las ciudades en llamas podrían inyectar a la atmósfera alta partículas finas de cenizas y hollín, en donde podrían permanecer por años y podrían enfriar la Tierra).

Cada escenario de guerra nuclear que probaron provocó cambios en cascada en la cuenca oceánica más grande del mundo: la del Pacífico. La dirección de los vientos alisios, responsables de ayudar a los marineros a navegar en alta mar, podrían invertirse. La altura de la superficie del mar en los dos lados del Océano Pacífico se reconfiguraría, trayendo un poco más de agua a las costas de América del Sur que en Australia, lo que sería una inversión completa del océano actualmente. Sin la forma normal de la superficie del mar, la corriente ascendente a lo largo del ecuador se detendría, interrumpiendo el aporte de agua rica en nutrientes de la que depende la vida marina. En el caso más grave, la corriente descendente comenzaría a lo largo del ecuador una inversión total de la circulación oceánica.

“Esto es como golpear al sistema climático con un martillo bastante grande, así que anticipábamos alguna reacción” mencionó Stevenson. “Pero verlo fue bastante impactante […] fue mucho más allá de lo que pensé que sería posible.”

Los cambios en el océano y la atmósfera se parecen mucho al fenómeno de “el Niño”, dijo Stevenson. El índice comúnmente utilizado para evaluar el ciclo de la Oscilación del sur y el Niño, el Índice de la Oscilación del Sur, se aleja cinco desviaciones estándar de la media para los casos más severos. “Lo estamos llamando ‘Niño nuclear’, porque se parece mucho a este fenómeno, pero dura de 7 a 8 años,” mencionó Stevenson.

La gravedad de la respuesta solo depende de cuánto los humanos decidan explotar. Si Estados Unidos y Rusia, por ejemplo, liberan sus arsenales masivos, el Niño resultante podría durar de entre 7 a 8 años. En los casos menos destructivos, como un conflicto entre India y Pakistán (en donde los arsenales son más pequeños en número y las cargas útiles son menores) el Niño resultante podría durar entre 1 y 5 años, aproximadamente, dependiendo de cuántas armas utilicen.

El autor y estudiante de posgrado de la Universidad Rutgers, Joshua Coupe, dijo que en el trabajo futuro examinará los mecanismos físicos que influyen en “el Niño nuclear”. La respuesta cualitativa hasta ahora apunta a la circulación del aire sobre el sureste de Asia como el culpable. Por lo general, las grandes corrientes ascendentes de agua cerca de Malasia, Papua Nueva Guinea y Filipinas, impulsan un circuito atmosférico sobre el Pacífico, llamado Circulación de Walker, pero el invierno nuclear lo apagaría. “Es el principal mecanismo que vemos en juego,” dijo Coupe. “En el futuro nos gustaría realizar pruebas de sensibilidad.”

El Niño Nuclear

“Nunca antes había visto una investigación como esta,”, dijo el oceanógrafo Christopher Wolfe, de la Universidad de Stony Brook en Stony Brook, Nueva York, quien no estuvo involucrado en el proyecto. “Creo que esto inspirará más trabajos en las consecuencias climatológicas del conflicto de gran escala”.

Detener las surgencias en el Pacífico ecuatorial “es un poco impresionante, porque es el estado básico del océano,” menciona. “Deberíamos estar preocupados por lo que los cambios en el océano harán a las personas.”

El último estudio también prueba el impacto de una guerra nuclear en la base de la red alimenticia marina, es decir, en el fitoplancton fotosintético del Pacífico tropical.  “De acuerdo con los resultados, pareciera que cuando ocurra esta enorme guerra nuclear, sería muy difícil producir alimento en el océano,” Menciona Coupe. Menos luz durante los inviernos nucleares, significa que menos fitoplancton puede crecer, reduciendo su consumo de carbón hasta en un tercio en los casos más severos. “Los números que vemos son bastante serios.”

La última investigación fue financiada por una donación otorgada a la Universidad de Rutgers por el Proyecto Open Philanthropy, una fundación iniciada por el cofundador de Facebook, Dustin Moskovitz, para estudiar los costos ecológicos y sociales de la guerra nuclear. “Espero que al proporcionar más detalles sobre lo que podría sucederle al clima, contribuya a disuadir el uso de estos”, afirmó Coupe.

—Jenessa Duncombe (@jrdscience), escritora de Eos

This translation was made possible by a partnership with Planeteando. Esta traducción fue posible gracias a una asociación con Planeteando. Traducción de Rebeca Lomelí y edición de Alejandra Ramírez de los Santos.

Citation: Duncombe, J. (2020), Nuclear war would spawn a “nuclear” El Niño, Eos, 101, https://doi.org/10.1029/2020EO141010. Published on 30 April 2020.
Text © 2020. AGU. CC BY-NC-ND 3.0
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