una ilustración de árboles más altos que la ciudad
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This is an authorized translation of an Eos article. Esta es una traducción al español autorizada de un artículo de Eos.

A medida que la pandemia de COVID-19 se extendía hacia los meses de verano de 2020, la gente de todo el mundo comenzó a acudir en masa a los espacios verdes al aire libre en las ciudades y sus alrededores. Para algunos, el desahogo seguro y socialmente distanciado del encierro consistió en hacer picnics en parques cercanos, caminar por vecindarios con árboles, caminar por senderos a través de las montañas y bosques, o simplemente tomar aire fresco en sus propios patios traseros. Sin embargo, no todos los residentes de la ciudad tienen el mismo acceso, geográfica e históricamente, a espacios verdes cercanos.

Esta época tumultuosa ha “dejado claro la gran importancia de tener un espacio verde seguro en cada vecindario”, dijo Sharon J. Hall , quien investiga la intersección de la gestión de ecosistemas, la calidad ambiental y el bienestar humano en la Universidad Estatal de Arizona (ASU, por sus siglas en inglés), en Tempe. “Sabemos que la naturaleza trae beneficios para la salud mental, beneficios físicos, conexión espiritual y comunitaria, y todo tipo de beneficios recreativos y culturales, pero no todas las personas sienten lo mismo por la naturaleza. Hay poblaciones que tienen historias, problemas y desafíos realmente largos con la naturaleza y lo que la naturaleza significa para ellas”.

El desarrollo de nuevos espacios verdes urbanos (lugares cubiertos de césped, árboles, arbustos u otra vegetación) y la infraestructura que funciona con ellos es una prioridad en muchas ciudades en estos días. Sin embargo, los expertos coinciden en que la solución es más complicada que simplemente plantar más árboles en ciertos puntos. Si se hace correctamente, agregar nuevos espacios verdes a nuestras ciudades y sus alrededores puede mejorar la salud humana, revitalizar los ecosistemas e impulsar la economía de una región. Si se hace mal, puede empeorar los problemas socioeconómicos y ecológicos existentes o incluso crear otros nuevos.

Los bosques urbanos benefician a los residentes de la ciudad

Los espacios verdes dentro y alrededor de las ciudades, conocidos colectivamente como bosques urbanos, pueden mitigar las inundaciones regionales y locales producto de tormentas, reducir la escasez de agua, mejorar la calidad del aire y del agua, regular la temperatura y ayudar al ciclo de los nutrientes del suelo, todo esto mientras secuestran carbono.

Cada árbol de ese bosque es importante. Con todo su acero, asfalto y hormigón, las ciudades suelen ser unos pocos grados más calientes en promedio que la tierra no urbanizada a sus alrededores, un fenómeno conocido como el efecto isla de calor urbano. El mismo fenómeno ocurre en una escala suburbana a un grado que depende del espacio.

“Los árboles son un factor muy importante para reducir el calor en los vecindarios”, explicó Fushcia-Ann Hoover, una hidróloga urbana cuya investigación se basa en la justicia ambiental. Es investigadora postdoctoral en el Centro Nacional de Síntesis Socio-Ambiental en Annapolis, Maryland. “Si un árbol da sombra a parte de tu casa o gran parte de tu vecindario, este será más fresco que los vecindarios donde no hay ningún árbol en la cuadra.”

“Para tener un impacto social equitativo (los espacios verdes) necesitan estar distribuidos de una manera en la que todas las comunidades obtengan beneficios de ellos”.

Además, “existen beneficios culturales de tener espacios verdes dentro y alrededor de tu comunidad”, dijo John-Rob Pool, “para el esparcimiento y la recreación, lo que ha demostrado mejorar la salud y el bienestar de las personas, y para crear calles que son más habitables y accesibles”. Pool es el gerente de implementación de Cities4Forests, un programa internacional que ayuda a las ciudades a conservar, administrar y restaurar sus bosques.

Combinados, estos servicios ecosistémicos “son los beneficios más generales de los espacios verdes”, dijo Ayushi Trivedi, analista de investigación de género y equidad social en el Instituto Mundial de Recursos, “pero para tener un impacto socialmente equitativo, deben distribuirse de una manera que todos las comunidades obtengan beneficios de ellos. Esto es especialmente importante para las comunidades vulnerables (comunidades marginadas, poblaciones de bajos ingresos, comunidades de minorías raciales) que viven en vecindarios que están más expuestos al calentamiento, las inundaciones de aguas pluviales y la contaminación”.

¿Dónde están los espacios verdes?

La justicia ambiental afirma que todas las personas tienen derecho a la tierra, el agua y el aire limpios y seguros; requiere una política ambiental que esté libre de discriminación y prejuicios y se base en el respeto mutuo y la justicia para todas las personas. Al evaluar si todos los residentes de una ciudad tienen un acceso equitativo a los bosques urbanos , la primera pregunta a responder es: ¿Dónde tiene la ciudad espacios verdes? Para abordar esto a escala de toda la ciudad, la mayoría de los investigadores recopilan imágenes satelitales o aéreas, que pueden medir hasta una escala determinada, o realizan laboriosos estudios sobre el terreno.

Debido a las limitaciones de los métodos de recopilación de datos, la mayoría de los estudios que analizan la distribución de los espacios verdes urbanos se centran en solo una o dos ciudades a la vez, lo que puede dificultar el análisis de las tendencias a nivel nacional. “La cantidad de trabajo que se necesita para generar un mapa de cobertura forestal urbana de una sola ciudad es tan increíble que hacer algo a mayor escala puede ser bastante difícil”, explicó Shannon Lea Watkins, investigadora de salud pública centrada en la equidad en salud de la Universidad de Iowa. “Sabemos que el bosque urbano es diferente en todo el país porque el ecosistema es diferente. Así que esperaríamos una cantidad diferente de cobertura de árboles en Filadelfia que en Tulsa”.

“Si desglosas por características sociales demográficas, puedes ver cuáles pueden ser las implicaciones sociales”.

Watkins y sus colegas juntaron muchos estudios individuales a un metanálisis en el que combinaron datos de ciudades estadounidenses tanto verdes como escasamente boscosas. Trivedi dijo que tales métodos pueden ayudar a los investigadores y urbanistas a identificar qué grupos se benefician más de un espacio verde existente o planificado. “¿Cuál es su raza? ¿Dónde viven? ¿De qué [relaciones] está compuesto su hogar? Si desglosas por características sociales demográficas, puedes ver cuáles pueden ser las implicaciones sociales. Ya sea que se trate de un mapeo o de un estudio estadístico, el simple hecho de desagregar sus datos y luego ver los patrones que surgen… será muy útil para decirte cuáles son las brechas, quién se beneficia más, quién se ve más afectado por los costos y quién corre más riesgos”.

Por ejemplo, “en la mayoría de los estudios hay un patrón demostrado entre los ingresos y la cubierta forestal urbana; es decir, mayores ingresos se asocian con una mayor cobertura forestal urbana”, explicó Watkins. Es más, en todo el país, la desigualdad racial en la cubierta forestal urbana es mayor en terrenos públicos que en terrenos privados: las residencias privadas con patios y calles arboladas son más comunes en los vecindarios de mayores ingresos y predominantemente blancos, y lo mismo ocurre en un grado aún mayor para los parques de propiedad pública y las áreas boscosas.

El tipo de espacio verde importa

“[Históricamente] los vecindarios marginalizados tienen menos espacios verdes, y el espacio verde que tienen tampoco es de tan alta calidad”.

Una vez que sepas dónde están los bosques urbanos, es útil analizar qué forma adoptan, porque no todos los tipos de espacios verdes brindan los mismos beneficios a los residentes cercanos. Hoover, quien fue coautor de un artículo reciente que examina la raza y los privilegios en los espacios verdes, explicó que “[históricamente] los vecindarios marginalizados tienen menos espacios verdes, y el espacio verde que tienen tampoco es de tan alta calidad”.

Los parques, por ejemplo, se ven muy diferentes en áreas urbanas que están más vigiladas, que tienden a ser vecindarios con más personas de color, más personas con inseguridad habitacional o más personas con ingresos más bajos. “Si un árbol bloquea la línea de visión de una cámara de la policía, por ejemplo, el árbol se corta o se poda drásticamente por lo que ya no brinda sombra de manera efectiva” ni refrequesca a el área, dijo Hoover.

En estos vecindarios, “los parques no están necesariamente hechos para ser lugares donde la gente se sienta o se relaja”, explicó Hoover. “Son lugares de paso. Creo que eso también refleja la forma en que se criminaliza a las personas con inseguridad habitacional y la forma en que las ciudades a menudo responden a las personas con inseguridad habitacional al querer evitar que establezcan un campamento o puedan acostarse en un banco”.

Los lotes baldíos que han sido renaturalizados pueden aportar espacios verdes, dijo Theodore Lim, pero los beneficios de ese espacio para la comunidad circundante serán mucho menos estratégicos que los beneficios de un parque planificado. “Uno se desarrolla en condiciones de crecimiento y planificación proactiva, y el otro se desarrolla en condiciones de declive y planificación reactiva”, explicó. “A menudo eres oportunista acerca de dónde puedes obtener servicios de los ecosistemas”. Lim investiga las conexiones entre la tierra, el agua, la infraestructura y las personas en la planificación de la sostenibilidad en el Instituto Politécnico de Virginia y la Universidad Estatal de Blacksburg.

“Los espacios verdes pueden ocurrir en cualquier lugar…. Son estos espacios accidentales intermedios los que a veces son las formas más creativas de pensar en los espacios verdes”.

“En las ciudades, creo que debemos ser más integrales con nuestra forma de pensar sobre los espacios verdes”, dijo Hall. “Los espacios verdes pueden ocurrir en cualquier lugar…. Son estos espacios accidentales intermedios los que a veces son las formas más creativas de pensar en los espacios verdes”.

Ya sean proactivos o reactivos, para que beneficien a una comunidad, “los espacios verdes urbanos deben diseñarse caso por caso según el clima, la geografía, las condiciones del suelo y las necesidades de suministro de agua de esa área”, dijo Kimberly Duong, ingeniera de recursos hídricos y directora ejecutiva de Climatepedia. “En una región agrícola, por ejemplo, un espacio verde sostenible probablemente dependería de los ciclos estacionales de precipitación. En una región propensa a la sequía, un espacio verde también podría considerar estrategias de retención de agua”.

“Estaba diseñando una calle verde para [un área cerca de la Universidad de California, Los Ángeles] que incorpora conceptos de sostenibilidad, conceptos de captura de aguas pluviales y conceptos de espacios verdes”, dijo Duong. “Esa región tiene mucho suelo arcilloso”, lo que significaba que instalar pavimento permeable no era una opción porque el agua penetraría en la acera pero no en el suelo. “Pero para otras regiones con suelo más arenoso, donde el agua puede absorberse más fácilmente, un pavimento permeable podría ser una estrategia para un estacionamiento [para capturar aguas pluviales en el sitio]”.

“Hay estrategias en muchas escalas geográficas diferentes”, dijo Duong, desde barriles de lluvia hasta drenajes sostenibles y desde jardines de lluvia hasta cuencas hidrográficas.

La propiedad comunitaria es clave

Los espacios verdes deben diseñarse intencionalmente para satisfacer las necesidades que la comunidad ha identificado para que los residentes se sientan cómodos usándolos. Tal estrategia de diseño requiere el compromiso y el diálogo entre las comunidades y los administradores de proyectos.

“La gente, teóricamente, puede tener la misma cantidad de acceso a acres de espacio en el parque, pero aún no se siente bienvenido o seguro en ese espacio del parque”, dijo Lim. “Se trata de reconocer que hay problemas sistémicos que dan forma a las experiencias de las personas y que tienen raíces realmente históricas”.

Por ejemplo, “un hombre blanco podría irse solo al bosque y obtener todo tipo de beneficios espirituales al estar solo allí”, dijo Hall. Pero para las personas a las que se les ha hecho sentir incómodas o inseguras al aire libre debido a su género, raza u otro aspecto de su identidad, continuó, esa experiencia histórica puede ser muy diferente.

“Las soluciones basadas en la naturaleza deben tratarse como cualquier otra infraestructura y merecen el mismo enfoque participativo durante las etapas de planificación”.

También hay relaciones históricas positivas a considerar, agregó. “Podrías pensar en las poblaciones latinas que viven en el suroeste; el desierto podría tener un significado diferente para ellos si tienen una historia con el desierto a través de sus familias y de generaciones”.

“Cuando una ciudad, por ejemplo, planea una nueva estación de tren, se compromete con los residentes sobre dónde deben colocarla, quién la necesita, si la usarán los residentes si la colocan aquí o si la colocan allá”, dijo Pool. “Las soluciones basadas en la naturaleza deben tratarse como cualquier otra infraestructura y merecen el mismo enfoque participativo durante las etapas de planificación. Creo que la razón por la que esto aún no es tan común es que es un campo emergente”.

Muchos residentes de Detroit, por ejemplo, expresaron la creencia de que la ciudad había descuidado o mal administrado los espacios verdes y los árboles en sus vecindarios. Debido a ese precedente histórico, la gente desconfió cuando una organización local sin fines de lucro les ofreció árboles gratis para plantar frente a sus casas. A pesar de querer vecindarios más verdes, una cuarta parte de los residentes rechazó la plantación de nuevos árboles, anticipando que la ciudad también les negaría ese espacio verde.

“No habrá un enfoque único para todos” para crear nuevos espacios verdes urbanos o para garantizar la equidad en esos espacios, dijo Hall. “Lo que va a ser bueno para los polinizadores o la gente en Washington, DC, puede ser muy diferente de lo que va a funcionar en el Desierto de Sonora en Phoenix. Y aún así, la historia de Phoenix es muy diferente a la historia de Albuquerque o Los Ángeles. Los enfoques deberán determinarse localmente, sobre qué tipos de plantas vas a plantar y qué va a ser realmente bueno para la historia de una comunidad”.

Cómo son las soluciones impulsadas por la comunidad

“En realidad, nadie te capacita sobre cómo ser un investigador comunitario. Se aprende haciéndolo”.

Digamos que eres un geocientífico con una idea de cómo mejorar un vecindario urbano agregando más espacios verdes y quieres que el proyecto sea un proceso participativo. ¿Cómo logras entonces que la comunidad se sume? “En realidad, nadie te capacita sobre cómo ser un investigador comunitario. Se aprende haciéndolo”, dijo Marta Berbés-Blázquez. “Escaneas las noticias, escaneas Facebook, comienzas a seguir a activistas en una región, comienzas a averiguar quién es quién. Eso lleva un poco de tiempo y mucho es muy sutil”. Berbés-Blázquez investiga las dimensiones humanas de las transformaciones socioecológicas en ecosistemas rurales y urbanos como profesora asistente en ASU.

“Podría ir a un evento comunitario aleatorio”, continuó. “Podría ir a un seminario web o asistir a reuniones comunitarias. Y me sentaría en segundo plano y escucharía y no hablaría”. Al hacer esto, un investigador aprende qué temas están al frente de la agenda de una comunidad, quiénes son los líderes clave y qué problemas históricos o sistémicos enfrenta la comunidad.

Después de que tantos residentes rechazaron los árboles gratuitos, por ejemplo, esa organización sin fines de lucro de Detroit cambió su enfoque para incluir a las comunidades en el proceso de toma de decisiones con respecto a los tipos de árboles y dónde plantarlos. También amplió su programa de empleo juvenil para mantener los árboles y enseñar a los residentes sobre ellos.

“Creo que la tendencia es que los geocientíficos se centren en el análisis de datos”, dijo Duong, “y luego señalarlos y decir: ‘Esto tiene sentido para fines científicos. Tenemos tanto déficit de agua, por lo tanto, llevar a cabo esta estrategia [proporcionaría] el 200% de la cantidad de agua que necesitamos’”. Estos análisis son ingredientes necesarios en cualquier proyecto de infraestructura verde, pero hay otras consideraciones que van más allá del alcance. de la expertise de un geocientífico. “Eso no toma en cuenta las consideraciones políticas, el presupuesto requerido, el mantenimiento requerido o la interrupción de la comunidad durante la construcción. Esos son componentes no triviales de la implementación de proyectos de espacios verdes.”

Al dar un paso atrás y aprender sobre la comunidad antes de iniciar un proyecto, un geocientífico podrá evaluar los riesgos específicos del vecindario, como nuevos espacios verdes atractivos que elevan los alquileres, y establecer medidas para proteger a los residentes de daños. “Tener esos mecanismos en su lugar ha demostrado que se pueden reducir algunas de estas crisis de gentrificación verde que están ocurriendo”, dijo Trivedi.

“La justicia ambiental no es solo una distribución equitativa de los recursos, sino también un acceso equitativo a la toma de decisiones”.

Considera, por ejemplo, el proyecto 11th Street Bridge Park de Washington, DC, un parque tipo puente recreativo que cruzará el río Anacostia en el pabellón 7 y pabellón 8, áreas que son mayoritariamente negras y tienen ingresos más bajos que el promedio de DC. Los proyectos de infraestructura verde en vecindarios con demografías similares han creado, en el pasado, crisis de gentrificación que, en última instancia, perjudicaron a los residentes. Los residentes de los pabellones 7 y 8 inicialmente rechazaron el desarrollo de un parque tipo puente en sus vecindarios exactamente por esas razones. En respuesta, los gerentes del proyecto se asociaron con líderes comunitarios para crear estrategias de desarrollo centradas en la equidad: estableciendo fideicomisos de tierras comunitarias, salvaguardando inversiones en viviendas asequibles, brindando capacitación y empleos para los residentes locales e invirtiendo en pequeñas negocios locales.

El proceso de desarrollo conjunto de soluciones no es fácil, dijo Berbés-Blázquez, y la estructura de la investigación académica, como los ciclos de subvenciones o los relojes de permanencia, a menudo puede interferir. “La velocidad a la que tienen que suceder los proyectos, ya sea académica o políticamente, no necesariamente da suficiente tiempo para fomentar relaciones verdaderas, genuinas y de confianza entre los diferentes actores involucrados”, dijo. “No traigas tu propia agenda, pero si la tienes, déjala muy clara. Y luego se paciente” y esté dispuesto a reconocer y reconocer cuando cometes errores.

Organizaciones lideradas por la comunidad que se enfocan en reverdecer las ciudades están trabajando en todo el país, dijo Hoover, y cada una sabe cómo los científicos pueden ayudarles mejor a lograr sus objetivos. “Realmente animaría a otros científicos, planificadores, profesionales e investigadores a que comiencen a escuchar y a comunicarse”, dijo, “para aprender y superar realmente los límites de sus propios campos y sus propias suposiciones dentro de su ciencia”.

“La justicia ambiental no es solo una distribución equitativa de los recursos, sino también un acceso equitativo a la toma de decisiones”, dijo Watkins.

Kimberly M. S. Cartier (@AstroKimCartier ), Escritora de ciencia

This translation by Mariana Mastache Maldonado (@deerenoir) was made possible by a partnership with Planeteando. Esta traducción fue posible gracias a una asociación con Planeteando.

Citation:

Cartier, K. M. S. (2021), Aumento de la equidad en los espacios verdes de la ciudad, Eos, , . Published on 17 June 2021.

Text © 2021. AGU. CC BY-NC-ND 3.0
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